ELEGIA PARA UN PASADO DE DIGNIDAD Y TRABAJO

Elegía para un pasado de dignidad y trabajo

Ana María Batisttozi.

Clarín, Julio 2001.

Hay un dejo de nostalgia en las obras recientes que Nushi Muntaabski expone en el ICI. Cierto tono elegíaco que invade buena parte de la producción y la conecta con la exquisita  muestra que Victor Grippo presentó este año en Ruth Benzacar.

Como en aquella exhibición, que tuvo como protagonista al trabajo, o más bien a la falta de trabajo, están aquí los instrumentos que han hecho del hombre un ser digno a fuerza de su tarea cotidiana: una pala una azada, una guadaña y una escalera. Muntaabski refiere  en ellos al campo argentino. Pero lo suyo no es el espacio ilimitado de las estancias sino que territorio acotado de una parra o base de un rancho. Apenas cuatro troncos que sostienen un techo de ramas.

La artista lo ennoblece a su manera, lo envuelve con mosaico de pasta de vidrio y lo dota de una segunda piel de pequeñas teselas a la veneciana que funcionan como protección y ornamento. ¿Qué extraña operación contradictoria entre la artista con ese abrigo que por momentos se transforma en puntas, como el erizo se defiende  del ataque exterior? ¿En que punto la textura amable de la madera se vuelve sobre sí misma? ¿No es esto una metáfora de los tiempos que corren?

Pero no es todo; como en los artistas bizantinos, -a ese origen remoto tributa la técnica utilizada- hay en estos trabajos un intento de capturar la luz. Sin embargo no es la luz divina que simbolizada la imagen irrepresentable del Redentor en los primeros años del cristianismo, sino la que reverbera en el momento de dirigir la mirada hacia el propio pasado. Aquella de la reflexión sobre la historia de  Walter Benjamín, que viene a cuenta del recorrido que Muntaabski realiza por la literatura argentina y la lleva a “adueñarse” de un recuerdo, tal como relumbra en el instante de un peligro”

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