CRITICA: Paula Jiménez España

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El patrimonio del deseo

Por Paula Jiménez España

Nueve biografías de artistas convertidas en cartas de amor, de pasión y guerra en la pluma de otra artista, Nushi Muntaabski.

En 1967 Federico Peralta Ramos compró un toro blanco al que pensaba exponer como “arte vivo”. Hizo su oferta en un remate de la Sociedad Rural Argentina sin tener un centavo para eso. Pero la anécdota paso de excéntrica a dramática cuando ninguno de los Peralta Ramos – tan reconocidos en el ambiente del campo- le sacó al joven Federico las papas del fuego. La familia, para no enfrentar un juicio por la compra frustrada optó por internarlo en un psiquiátrico con diagnóstico de esquizofrenia.

Esta es una de las que Nushi Muntaabski da a conocer sobre él en el capítulo Federiquito de La novia de Duchamp. Por este libro desfilan otras ocho biografías más que pertenecen a Raquel Forner, Jorge De la Vega, Guillermo Kuitca, Lola Mora, Tarsila do Amaral, Federico Klemm y Marcel Duchamp.

Para Nushi, Duchamp no es sólo su novio soñado, sino también la piedra fundamental del arte contemporáneo: “sin él- dice- no sé que sería de la vida del arte en el mundo. Sin su libertad y sin su lucidez, no sé cómo hubiese sido este camino”.

Muntaabski, artista y comentarista en el programa radial Tarde negra (conducido por Elizabeth Vernaci, prologuista de La novia…), indaga en estos recorridos biográficos muy amorosamente: “Jorge, mi amado Jorge, mi hermoso Jorge, mi chiquilín, mi frágil, mi gusanito”. Se refiere al argentino Jorge de la Vega, que murió a los 41 años y dejó una muy originalísima obra plástica, musical y, por qué no, literaria. Nushi no oculta la admiración que la liga a él y a todos estos personajes, y se permite, incluso, cuestionarles ciertas disonancias con lo que hubiera querido que fueran.

Es el caso de Quinquela Martín, al que otro Benito, Mussolini, le compró un cuadro durante una muestra en Roma: “ Quinquela cuenta este cruce con orgullo- dice-. ¿Qué te pasó Benito? Supongo que entre tanta butifarra, tapeos, carajillo, vermicelli, lemoncello, tanta mezcla entre Italia y España se le habrá quemado un poco la cabeza. Debía estar muy mareado para estrecharle la mano, orgulloso, a ese reverendo hijo de puta”. Pero la anécdota no debería resultar extraña, porque si algo circula en el mundo del arte es, además del ideal de la belleza, el del poder. Su acechanza es la que hace temblar las piernas de los artistas cuando ven aparecer en las inauguraciones a ciertos coleccionistas. Ellos son dueños íntimos de la obra, de la legitimación, del deseo:

“Cuando compran, parece que todo valió la pena (…), la obra pasa a formar parte de una patrimonio, el patrimonio mas hermoso. El patrimonio del deseo”, dice Nushi en el capítulo que les dedica especialmente. Uno de los grandes coleccionistas argentinos, Eduardo Costantini, pagó U$S 1.500.000 en 1995 por la obra Abaporu, de la paulista Tarsila Do Amaral. Según Muntaabski, ésta es una “Pieza fundamental del modernismo brasileño” y el error de haberla vendido sólo puede ser enmendado por el estado de ese país si se decidiera a restituirla panado los U$S 100.000.000 que hoy vale. Ceros más ceros menos, hablar de arte es también hablar de dinero, de vidas que se mueven alrededor de las posibilidades que acuñan y las que pierden.

La historia de Lola Mora, la escultora tucumana nacida en 1866, resulta arquetípica: tras haber heredado una fortuna de niña y haberla desperdigado a lo largo de sus 60 años, murió sin un céntimo, bajo el piadoso cuidado de sus sobrinas. De estas y muchas cosas maá nos enteramos en este libro donde Nushi Muntaabski, con un tono descontracturado, coloquial y de facil comprensión, incluye el análisis de ciertas obras como la misma Abaporu o El viaje sin retorno, de Raquel Forner.

La autora parece haber buscado- y encontrado- el hilo conductor que conecta hechos biográficos y producción artística. La obra es para ella expresión d una fuerza profunda, de una sagrada pulsión vital.

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